Existen al menos dos tipos de miradas: la analítica, que de manera descriptiva trata de darle significado a todo lo que está a su alrededor; y el mirar contemplativo, con una orientación distinta hacia lo real, su finalidad no radica en tratar de comprender, sino más bien en transformar. El trabajo de Teresa Loza es el lugar en el que ambas miradas se observan para generar una nueva visión.

 

Pocos artistas tienen la virtud de reunir en sus obras el enfoque integral de dos disciplinas. En Teresa Loza, lo objetivo del método y la libertad creativa comulgan en el mismo espacio. La armonía de estas dos perspectivas ha forjado en sus pinturas un carácter peculiar dominado por una pasión en constante cambio, aquella que anima las voces internas que la hacen crear.

A veces pintando diosas de mitologías clásicas, otras veces reinventando su propia cosmogonía. Sus obras revelan una personalidad preocupada por expresar una interpretación personal de lo femenino. Interpretación que se acerca a la concepción que la poetisa Alaide Foppa hace de la mujer: “Un ser que aún no acaba de ser…Un Ser que trata de saber quién es/ Y que empieza a existir”

Los rostros de sus personajes conservan el mismo estilo. Con gestos fríos, no pueden juzgarse como inexpresivos porque las emociones que reflejan son de una intimidad casi secreta. Sólo podemos descubrirlas en el silencio de una atención meditada. La poética visual de cada uno de sus cuadros nos recuerda al vuelo de un ave de obscuro plumaje que al abrir sus alas entrega su corazón al cielo abierto.