Egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas y con un vasto currículo bajo la manga,  Francisco es un artista multifacético y versátil, con un envidiable manejo de diversas técnicas gráficas. Sin embargo, su más grande pasión es la pintura de caballete.

Su estilo pertenece al expresionismo abstracto contemporáneo, aunque no se limita a este. Su obra figurativa presume un dominio solemne de técnica académica, complementada por la expresividad y rebeldía individual con la que baña sus composiciones.

Su trabajo transmite de forma dinámica un sentimiento de goce, sensorialidad y mexicanidad. México es, precisamente, una de sus principales inspiraciones: su música, su gastronomía, su clima, sus paisajes, su gente. Él es un artista que traduce su realidad en texturas, colores vivaces, formas únicas, líneas orgánicas y armonías geométricas. Su trabajo no pretende exotizar nuestra cultura o romantizar un sentimiento nacionalista vacío. Aun así, tampoco pretende ignorar su esplendor y diversidad.

Otro tema recurrente en sus lienzos nace de la atracción por las máquinas. Las series que se desprenden de este interés se concentran en el estudio del movimiento, los ritmos de los engranajes, y la precisión. Sus obras exploran, con gran plasticidad y sin ninguna presunción mimética, el funcionamiento de: poleas, molinos de viento y, sobre todo,  relojes.

Comprometido con cada aspecto del proceso, Francisco se involucra plenamente en la producción de todas sus obras. Desde la elaboración del bastidor hasta la firma de autor. Cada pieza se vuelve única y personal, impregnada con un estado de ánimo irrepetible al momento de su creación.

Cada acción de su mano sobre el lienzo es un acto de creación.  La fluidez de su trazo manifiesta un espíritu espontáneo de vitalidad, que nace del diálogo constante con su pictórica; detrás de la seguridad de su pincel, se encuentra todo el peso de su experiencia artística adquirida por más de 20 años de producción.