Originario de la Piedad Michoacán, Miguel Ángel Tapia Ortiz es un artista plástico hiperrealista que lleva la representación figurativa a escalas superiores. Buscando reinterpretar la imagen, su visión se orienta a recuperar valores como la disciplina, la constancia, y la exactitud. Cualidades que buscan revalorizar la belleza de la obra de arte. Una suerte de reconciliación entre las normas tradicionales y los términos artísticos actuales.

Miguel Ángel emplea el óleo con maestría para darle cuerpo a sus composiciones; se ha convertido en su técnica predilecta, debido a la versatilidad y ductilidad que con este material alcanza. Entre sus intereses profesionales está volver a introducir “la cocina del arte” en el actual horizonte plástico; es decir, construir la pintura desde la imprimatura.

Su estilo está influenciado por la neofiguración europea: Gottfried Helnwein, Antonio López, Odd Nerdrum, Jenny Saville, entre otros. Aunque sus principales referentes son: el ilustrador Boris Vallejo, el muralista Alfaro Siqueiros y, su homónimo, Miguel Ángel Buonarroti. 

Tapia es un artista comprometido con su tiempo y con su entorno. Los temas que desarrolla jamás se desligan de su realidad. Por el contrario, pinta siempre aspectos del acontecer cotidiano; ambientes caseros e íntimos. Entre sus piezas, destacan los monotemas: objetos pequeños proyectados en grandes formatos. Con una atención minuciosa, el artista integra detalles que otrora pasaban inadvertidos. 

En su propuesta artística confluyen tres líneas temáticas marcadas: por un lado, la precisión y el ritmo de la música que ama. Por otra parte, la ironía intrínseca, siempre presente en los títulos de sus piezas. Por último, existe en su obra un despertar de conciencia acerca del proceso de deshumanización en el arte; la pérdida de la capacidad de asombro, desinterés por la belleza de una pintura y su composición. En este sentido, su arte está libre de tensiones sociales, las cuales generan el odio y el conflicto, los cuales han obnubilado nuestro panorama. De ahí la importancia de recuperar el diálogo con los artistas clásicos.