El mundo de Lorena Sierra es la comunión entre pintura, música y movimiento; elementos que en armonía generan un singular festival de colores. Festival que celebra la libertad, cada pincelada manifiesta lo mágico de la vida, el anhelo de lo posible y el recuerdo de lo pasado.   

Fortaleza y alegría son elementos que acompañan a su discurso visual. La personalidad de Lorena se proyecta en cada uno de sus trabajos. Cuando los miramos, una emoción se mueve o una reminiscencia despierta, es fácil identificarnos con su narrativa porque habla de nosotros.

Lorena posee una visión gráfica que va más allá de lo tradicional, ya que sus obras no sólo se enriquecen con nuestra interpretación personal, sino que nos invitan a interactuar, entrando en contacto directo con ellas para transformarlas.

Su versatilidad técnica le ha permitido no limitarse al lienzo, también expresa sus sentimientos valiéndose del tórculo. Además de apasionarse con el grabado, interviene fotografías que evocan la nostalgia y la imagen de un mundo paralelo al nuestro. Desde un aspecto completamente positivo, la pintura de Lorena nos retrata los sueños de esa niña interna que se ha convertido en artista.    

Su obra alberga personajes gestados en su imaginación, lo cuales coexisten sobre escenarios surreales, marcados por una huella propia. «Mis pajaritos» son los protagonistas en muchas de sus creaciones. Siempre captados en movimiento; a veces cantando o bailando, y otras, simplemente agregando color con su existencia. Ellos guardan la esencia de Lorena, son su avatar; su origen está ligado a una historia oracular. Son el símbolo de su arte, la libertad. Representan el ave que escapa no sólo de su jaula sino también de una vida limitada por la monotonía.