Se dice que todos los laberintos son artificiales, que son instrumento del ingenio humano para confundir o apresar. No obstante, la multiplicidad de caminos nos presenta un viaje con la oportunidad, desde un íntimo estado de conciencia, de encontrarnos con nosotros mismos dentro de gigantescas estructuras e incontables pasillos que se entrecruzan entre sí, hasta llegar a una revelación personal. En un esfuerzo por entendernos y modificar nuestra percepción.

 

El poder del arte nos invita a la reflexión.  El lienzo se vuelve un refugio para retar los límites de lo real, un ejercicio catártico o un homenaje a las experiencias estéticas dentro de nuestra cotidianidad.

Es a través del arte que el laberinto se convierte en un espacio entre la realidad y la fantasía que, en vez de encarcelarnos, nos muestra miles de caminos conectados que se abren para que vaguemos en ellos.

Cada obra en esta exposición es un guión descriptivo de la experiencia humana, sentimientos e interacciones con lo que nos rodea. Un laberinto que por sí mismo nos invita a recorrerlo, no por la búsqueda de una salida, sino en una exploración de estas expresiones viscerales de materia. Para tejer las conexiones entre las estructuras que cada artista nos construye desde su particular forma de ver el mundo.