Color, canto, baile y movimiento; eso es un Huateque con sabor mexicano. Donde cualquier lugar puede ser escenario para la gozadera. 

El espíritu festivo se apodera de los sentidos, transforma toda tristeza o preocupación en risas. Permite sentir más, dejarse caer y volar en la calidez de los amigos. La celebración homogeniza todos las personalidades, las concentra en un mismo sentimiento.  El Huateque transgrede toda normalidad. El día contiene la magia que se reserva para la noche. La música no dicta el ritmo, sigue al son ebrio de la verbena. 

Desde la pintura, los artistas consiguen explorar temas sociales relevantes para cualquier persona. Alrededor del Huateque se revela la idiosincrasia de lo mexicano con todos sus matices: los divertidos, los “mala copa”, los decadentes.  

Todas las obras en esta sala encarnan un personaje que protagoniza la fiesta. Los artistas imprimen su esencia en cada trazo y cada pintura que nos presentan se vuelve una extensión de ellos mismos. En este Huateque se ríe y se goza por el simple hecho de celebrar la vida. Y qué es el arte sino eso, la celebración de la vida. Buena, mala o decadente.