Pasional, espiritual, nostálgica y optimista. Son algunas palabras que podemos utilizar para describir la obra de la artista mexicana Ane Martínez. Su trabajo es un constante tránsito entre la realidad y la fantasía. En sus obras encontramos jardines-escenas que nos hipnotizan y nos invitan a la abstracción mental.

Incluso cuando podemos rastrear claras influencias estilísticas, su forma personal de lograr el juego de texturas, el uso del color y los elementos que componen sus cuadros, hace que sea difícil limitar su estilo a uno en concreto. Siendo la escuela oaxaqueña, el expresionismo abstracto y el surrealismo, muestras visibles de su formación artística. La originalidad que tiene Ane para crear, culmina en una composición personal que mezcla una armonía natural de repetición de elementos, con una simplicidad cromática elegante en sus fondos.

Sus acrílicos texturizados nos recuerdan a una suerte de mandalas contemporáneas, donde la artista vierte sus vivencias, pasiones y sentimientos. Y donde podemos trabajar nuestros estados anímicos a través del momento contemplativo al que nos invitan sus obras. Sus cuadros tienen en común figuras hieráticas que se replican irregularmente por su lienzo, a veces separadas entre sí y otras veces acumuladas una junto a otra. Estas figuras son insertadas en ambientes orgánicos, formados de un collage extraordinario de texturas, logradas por el uso de múltiples técnicas y materiales que Ane ha perfeccionado a lo largo de su carrera como artista. Por ejemplo, el uso de polvo de mármol.

Pese a lo “apretado” que parecen algunos de sus conjuntos, todas las figuras que plasma respiran. Ane logra que la saturación de elementos forme ritmos visuales que no hostigan a la mirada, sino que la inspiran a que vague por el cuadro con cadencia propia y relajante. Su propuesta artística coloca a la repetición como un fluir espiritual, entre silencios ricos en texturas y la belleza de vacíos bien pensados.