Lírica en colores, es una manera acertada de describir la expresión estética de la artista mexicana Alejandrina Calderoni. La música la conmueve a tal grado que la posee para crear, en un ejercicio casi sinestético.

En la pintura, la artista encuentra una oportunidad no sólo de explorar el ethos de la naturaleza humana, también para homenajear aquellas artes que la han rodeado en su hogar desde la niñez, gracias al apoyo y a la cercanía que tuvo con su madre: la música y la danza flamenca.

Con un estilo que mezcla lo figurativo con lo abstracto, trabaja sobre la figura humana. Su interés por la representación del cuerpo refleja una reflexión conceptual sobre la pérdida y la asimilación de esta en nuestras vidas. Vemos en sus cuadros que sus personajes no tienen brazos o están pegados al cuerpo. En algunos, se explica por la corporeidad del baile que retrata en su colección de bailarinas. No obstante, en la mayoría, los brazos reflejan el anhelo de retener aquello que ya no está y la imposibilidad de realizar este deseo.

La mayoría de sus obras se conjugan como una montaña rusa de evocaciones que se construyen desde una sensibilidad musical. La música, sin importar el género, juega el papel de colocar a la artista en estados anímicos que despiertan su imaginación. En cada pieza se teje de manera armónica un diálogo entre sonidos y colores. Por ejemplo, la melodía de violines suaves la lleva a tonos claros y azules melancólicos. Mientras que el canto de violines fuertes la remiten a pasionales y dinámicos rojos.

La comunión y predominancia de estos dos colores es también una característica clara en su obra, aunque su paleta no se limita a ellos. Alejandrina no busca crear autorretratos y prefiere reflexionar en torno a la experiencia humana. De ahí que sus personajes carezcan de rostro; para que no limitemos nuestra forma de sentir y observar sus piezas. Sin embargo, hay una clara e íntima conexión entre la artista y su obra, que la guía durante su proceso creativo.

Desde afecciones y la invocación de la memoria a partir de su privilegiada habilidad auditiva. Levanta imágenes emocionales desde las cenizas y las construye para nosotros. Alejandrina logra que reflexiones personales se vuelvan reflexiones colectivas que empatizan con nosotros y de las que nos podemos adueñar.

Para Alejandrina, el cuerpo es la mejor herramienta para exteriorizar los procesos emocionales por los que atravesamos en el transcurso de nuestras vidas. No obstante, reconoce sus limitantes y, a través de su discurso visual, nos invita a encontrar un alivio y paz desde la introspección.